El Festival de Samhain

La única tradición que no he roto en mi vida es mi visita anual al parque Morelos, una semana antes al Día de Muertos. De niño me llevaba mi mamá, llevé a mi novia en nuestra primera cita; hasta solo he ido, a comprar dulces, trucos, garnachas, y, por supuesto, calaveras y juguetes de papel maché. Me fascina el Día de Muertos, me enorgullece la ausencia de miedo a la muerte en nuestra cultura; nos burlamos de ella, la celebramos y hasta sacamos a bailar a la flaca.

También me encantaba Halloween. Habiendo crecido entre americanos y mexicanos por igual, nunca vi conflicto en celebrar las dos. En Halloween disfrazábamos la casa y a nosotros mismos e invitábamos a otros fantasmas a truquear y hacer travesuras una última noche, al siguiente día íbamos a misa a rezar por los espíritus atrapados y al tercero celebrábamos nuestros muertos.

Todo cambió con una hostil campaña hacia finales de los noventa. “Halloween significa viva el diablo”. Recuerdo vívidamente ir en el carro con mi mamá camino a la escuela cuando escuchamos eso por primera vez en la radio. Rápidamente me convertí en un blanco fácil, los maestros me atormentaban en la escuela, todos sabían que lo celebrábamos en casa; los mismos compañeros que alguna vez habían acudido disfrazados a nuestra fiesta me atacaban. Ese año dejamos de decorar la fachada de la casa por miedo, acudió menos gente. Pocos años después no había rastros de que alguna vez festejábamos algo ese día. Cambiamos nuestras tradiciones, después de todo, hay que respetar las costumbres locales.

Los jóvenes preferían una tradición que fomentaba travesuras; el botín de dulces que regalaban era más llamativo que los platillos tradicionales del día 2; era más fácil ponerse un atuendo estrafalario, que montar un laborioso altar de muertos; los adultos se preocuparon y el miedo a lo extraño siempre provoca violencia. Aprendí que mis travesuras de niño se verían como delincuencia de adolescente.

Argumentaban que el Día de Muertos era riqueza cultural y Halloween mercadotecnia. En realidad,Calan Gaef predata al día de todas las almas por siglos, y la celebración moderna de ambas es resultado de propaganda. Halloween nace de la celebración del cambio de temporada y la recolecta para el invierno; el Día de Muertos del relato de un peregrino que naufragó en una isla en la que un ermitaño le dijo de un abismo que permitía comunicación con el purgatorio. Ninguna de las dos está arraigada a un valor fundamental.

Pocos pueden trazar su genealogía a un solo punto de origen origen. Nos hemos hecho ciudadanos del mundo, la convivencia internacional nos ha expuesto a costumbres y tradiciones de todos los rincones del planeta, dando lugar a una cultura global. Las costumbres regionales son riqueza de la humanidad.

Jack y la flaca no están peleados, si acaso, son medias naranjas. Por lo pronto iré a lo que queda del Parque Morelos, el 31 me espera un maratón de películas de Wes Craven y por supuesto, el 2 me daré una vuelta al Zócalo capitalino a ver altares de muerto.

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