El Hombre Que Estafó Al Mundo

Se apuntan muchos dedos para repartir la culpa sobre el colapso del sistema bancario. Ciertamente hay suficiente culpa para asignar, pero cada vez más parece que la pérdida global de tres trillones de dólares será un crimen y negligencia que pasará sin consecuencias cuando Larry Summers, uno de los principales autores que corrompieron la estructura bancaria mundial, es tutelado para reemplazar a Ben Bernanke como Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos; la posición económica más influyente del mundo.

Ante la decisión del Presidente Obama para el reemplazo de Bernanke este otoño se perfilan dos candidatos como pseudo-favoritos a la presidencia de la Fed, Summers y Janet Yellen, la Vicepresidenta actual de la Reserva, y mientras que poseen currículos comparables, ya se descalifica a Yellen por compartir la falta de carácter que se le ha criticado a su actual jefe, Ben Bernanke. No es ningún secreto que ésta línea de descripciones es utilizada para desacreditar a mujeres para puestos tradicionalmente masculinos y más aún porque ninguna mujer ha ocupado el puesto en contienda. Se ignora que las trayectorias de ambos más bien sugieren que es a Summers a quien debe cuestionársele si llevará un paso firme sobre la política monetaria.

Yellen formó parte del consejo económico durante la administración Clinton, fue Presidenta del Banco Federal de la Reserva de San Francisco y ha colaborado en la fórmula para levantar la actualmente débil economía. Summers fue economista en el banco mundial, Secretario del Tesoro durante los 90, Presidente de Harvard y miembro del consejo económico de Obama.

El Presidente Obama definirá quien reemplazará a Ben Bernanke como Presidente de la Fed este otoño. Los candidatos principales son Larry Summers y Janet Yellen.

En efecto ambos currículos son comparables a primera vista, pero esto ignora su desempeño en cada una de esas posiciones. Summers fue corrido de Harvard por el consejo en un voto de incompetencia después de las siguientes calamidades: criticó con tonos racistas a un profesor afroamericano por haber grabado un álbum de rap con, patrocinó una investigación que argumenta que los hombres tienen trayectorias profesionales más destacadas que sus contrapartes femeninas por tener mejores aptitudes (esta investigación se tuvo que censurar), aceptó que la Universidad pagara los daños multimillonarios en una demanda de uso ilícito de información confidencial de un miembro de la facultad con quien se le acusa de estar en sociedad durante la privatización de activos rusos; y por la pérdida de aproximadamente un tercio de los tres billones de dólares que constituyen los fondos de Harvard (la institución educativa más fondeada del mundo) en el mercado de derivados después de haber sido advertido en contra de la posición riesgosa que estaba tomando en dichas inversiones – como leerán a continuación, Summers ha demostrado una obstinación cuando se trata de los riesgos de productos financieros derivados.

El desempeño de Summers como Presidente de su Alma Mater y del actual Presidente de Estados Unidos, no es ni siquiera la más preocupante mancha en su historial. En el informe patrimonial de salida de la administración de Clinton en 1999 reportó bienes personales por $400,000 dólares, 10 años después, cuando entra al gabinete de Obama, presenta un patrimonio por $40 millones de dólares – multiplicó su fortuna 100 veces en diez años, de los cuales la mayoría los pasó como académico con un salario de $800,000 al año.

La presidencia de Larry Summers en la Universidad Harvard estuvo plagada de escándalos

Durante un periodo de 16 meses, mientras era Presidente de Harvard, recibió $8 millones de dólares de parte de diferentes instituciones bancarias por concepto de “salarios y comisiones”, una compensación considerable para un asesor temporal. Quizás su cotización como consejero bancario de medio tiempo tenga algo que ver con los beneficios que llevaron las mismas instituciones bancarias que le pagaban durante su servicio a la administración Clinton [a continuación]…

 

En 1998 la Comisión de Intercambio de Materias Primas y Futuros se dio a investigar “cómo mantener regulaciones seguras sin lastimar la viabilidad de los mercados de las materias primas”. La declaración del economista experto y entonces Secretario del Tesoro, Larry Summers, fue que “este tipo de contratos [los derivados] son instituciones financieras sofisticadas suficientemente capaces de protegerse a sí mismas de fraude e insolvencia”. Obviamente Summers no pudo en aquel momento, ni ha podido hasta la fecha después de muchas investigaciones, ofrecer evidencia para respaldar su recomendación; misma que fue inmediatamente repudiada en un reporte oficial por el entonces Presidente de la Fed, Alan Greenspan. La respuesta de Summers ante la alarma de Greenspan fue: “exigimos que quienes propongan regulación, tengan el cargo de demostrar que es necesaria” – ojalá se hubiera exigido la misma diligencia a quienes recomendaron quitarla.

Diferentes investigaciones de Raghuram Rajan, el próximo Gobernador del Banco de la India y del economista del Fondo Monetario Internacional; Steven Gjerstad y el galardonado Nobel, Vernon L. Smith entre docenas más (además de la opinión de cualquier economista serio); concluyen que la falta de regulación de los derivados fue la principal agravante de la crisis inmobiliaria de 2008.

La “daga” no para ahí. Un año después de la aprobación de intercambio de derivados sin regulación, en 1999, Summers encabeza el acta Gramm-Leach-Bliley que remueve la separación entre los bancos comerciales, bancos de inversión y aseguradoras. Esta acta vino a eliminar al acta Glass-Steagall de 1933; uno de los cimientos más reconocidos del auge del capitalismo en el siglo XX.

Glass-Steagall fue creada a raíz de la Gran Depresión de 1929 para evitar que los bancos que sostenían ahorros, tomaran estos ahorros y los invirtieran en bienes riesgos que pueden perder valor con el tiempo y por lo mismo, dejarse a sí mismos y a sus clientes insolventes. Esta regulación jamás debió eliminarse, modernizada por supuesto, pero no del todo olvidada. Lo que llevó a la crisis de 2008 a convertirse en la más pronunciada desde la misma Gran Depresión de 1929 fue la insolvencia crediticia de las instituciones bancarias por haber tomado de su brazo comercial para inyectar el capital en deuda chatarra que ellos mismos habían producido y escondido detrás de los instrumentos derivados que se aprobaron en 1998, ambas medidas recomendadas por el ahora candidato a la Fed, Larry Summers.Desde que Obama ganó la presidencia en 2008 múltiples fuentes en Bloomberg, The New Republic, The New York Times, Politico y otros han sacado a la luz comentarios de las aspiraciones de Summers a la presidencia de la Fed; claramente es un puesto que ha codiciado por años, pero ninguno de estos comentarios, ni algún otro hasta a la fecha han incluido pistas de cuál sería su política al frente del banco central de Estados Unidos. Yellen por el otro lado, ha hablado y escrito extensamente sobre las motivaciones y razonamientos detrás de la actual política monetaria que ha estabilizado a una débil economía con muchos pequeños pasos. Sin embargo, y a pesar del espectáculo de chismes que ha causado en su administración, Barack Obama ha respaldado públicamente a Summers como candidato, citando que su “creatividad e ingenio” serían de gran utilidad para la economía – ciertamente han sido detonantes en el pasado.

Contrario a lo que sugieren los elogios del Presidente Obama, el consenso en la comunidad económica, respaldado por un estudio hecho por David y Christina Romer de la Universidad de Carolina del Norte sobre el desempeño de pasados presidentes de banco central, es que una mano firme y un esquema básico de principios monetarios son lo que dirigen bien a un banco central, no medidas creativas y por lo mismo riesgosas.

Desafortunadamente, nuestra increíblemente corta memoria y la astucia de los arquitectos del atrofiado sistema no alcanzan a ver las relativamente recientes medidas que en realidad propiciaron que la crisis crediticia se agudizara y globalizara a los niveles que alcanzó. Podrán ocupar Wall Street, hacer documentales y demostrarlo con decenas de investigaciones de prestigiosos autores; pero el público no deja de consumir los estelares, slogan y patrocinios que arman a una máquina política para hacer estragos.

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