El Tratado Los Mochis-Juárez-Reynosa

Originalmente publicado en el diario Milenio el 4 de marzo de 2011

Desde hace aproximadamente un año ha circulado la idea de un pacto entre las autoridades oficiales y los narcotraficantes del país. Un armisticio, no muy diferente al Tratado Versalles después de la Primera Guerra Mundial; una división geográfica de dominios que traerá la paz y seguridad que ha eludido a nuestro país y nos regresará la estabilidad de épocas pasadas. Pues este tratado mágico no existe, nunca existió y jamás existirá; a pesar de lo que digan las leyendas.

Toda esta tirada tomó especial forma la semana pasada cuando el ex gobernador priista de Nuevo León, Sócrates Rizzo, aseguró que antes los presidentes controlaban el trasiego de droga, con lo cual los carteles se desplazaban por ciertas rutas sin obstrucción, y que si todavía pudieran hacerlo no estarían causando terror. Sólo que esta persona y las siguientes seis mil que repitieron la idea obviaron que las vías estaban despejadas por mordidas y donativos electorales. Un fenómeno fácilmente sostenible previo a la pluralidad democrática en el país, pero ahora sería demasiado caro asegurar el pasaje.

Otro detonante que nadie quiere admitir es que el mercado nacional para la droga ha crecido exponencialmente, creando un incentivo considerable para que los traficantes penetren las urbes que antes ignoraban camino al Norte. Hablando de puntos cardinales, estamos concentrados en la frontera con Estados Unidos, pero prácticamente ignoramos al Sur, cuando sabemos que ni remotamente todo el producto en tránsito es nacional.

Aún así, la causa principal de la ola de criminalidad que ha inundado al país es la debilidad de la economía. No es la razón que escuchas todos los días, porque no le es conveniente a nadie reconocerlo, pero eso no lo hace menos cierto. El crimen aumentó porque incrementó la cantidad de criminales y ésta creció por la falta de otros ingresos. Como ejemplo, los millones de paisanos que ya no encontraban raya después de la crisis al Norte; es gente que no había encontrado trabajo en México aún antes de la contracción económica; les aseguro que no están viviendo en las alcantarillas esperando mejores tiempos como el resto de nosotros; ellos ya encontraron cómo sobrevivir en un clima económico árido.

Es difícil reconocer todas las causas de la criminalidad en México, pero tradicionalmente alrededor del mundo la economía es el factor más importante en los índices de crimen

El paradigma que esto nos deja es que estamos luchando la guerra contra el narco, cuando este es sólo uno de los frentes del conflicto y probablemente ni siquiera sea el mayor contribuyente a la ola de criminalidad. El crimen que ha invadido nuestras vidas es un síntoma, no la enfermedad. Necesitamos armarnos de valor para enfrentarlo en la calle y en nuestras casas, pero también en el trabajo, las escuelas, las elecciones; con nuestros valores, ética y moral; en cómo pensamos, nos comportamos y actuamos; tenemos que tomar el reto de ser mejores en todos los aspectos.

Hay quienes quieren hacernos creer que hay una solución mágica, una tregua sobre la mesa, sólo recuerden que el Tratado Versalles no fue respetado y sólo sirve como un epílogo para la Segunda Guerra Mundial y que una liga de criminales no tendría porqué sostener su palabra.

3en3: desenmascarar las causas, no esperar milagros, disposición a luchar.

La cultura del narco está más presente que nunca en el país, pero no significa que la lucha no esté valiendo la pena

 

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