Índices de Felicidad

Frecuentemente cuando el murmullo de los retrasos de México en materia petroquímica o de telecomunicaciones,  nos llega a apachurrar el ánimo, nos resguardamos argumentando que, mientras que estamos atrasados en tecnología y eternamente en vías de desarrollo, nos encontramos entre las naciones más felices. En efecto, la felicidad cada vez es más mencionada como el índice a perseguir por líderes de opinión alrededor del mundo, un cambio drástico y oportuno al sonsonete de acumulación de riquezas del milenio pasado.

Curiosamente, todo indica que la pequeña nación de Bután, ahora Myanmar, fue la precursora en la materia cuando en los noventa concentró sus esfuerzos en mejorar el “índice de felicidad” en lugar del Producto Interno Bruto. El mundo ha abierto los ojos y ahora muchos países e instituciones públicas monitorean diversos índices de felicidad. Incluso a nivel personal, parece ser que entre personas de diferentes naciones si un país es más feliz que otro ocupa un lugar especial junto con en el parámetro de consumo de alcohol en las típicas discusiones de sobremesa.

Probablemente para sorpresa de todos, en México ni se toma tanto, ni somos tan felices como pensamos nosotros y el resto del mundo. De diez índices de felicidad, sólo uno tenía a México entre los diez países más felices del mundo y eso porque es el segundo en el que menos personas trabajan más de 40 horas a la semana. Habrá que reconocer que trabajar poco no es la medición en la que queremos destacar.

La discusión ahora se concentra en la fórmula que mide la felicidad; si con reacciones corporales, literalmente sonrisas; o con bienestar general, medido por la capacidad económica per cápita, la salud, las condiciones laborales y el desarrollo personal. Ambas tienen sus méritos y muy distintos resultados, los países nórdicos tienen el mejor bienestar, algunos del sureste de Asia son muy sonrientes. Al mismo tiempo, quien cree que lo importante es sentirse bien y que las sonrisas son correcta medida, ignoran las profundidades y duraciones de la satisfacción como felicidad y los que quieren verlo sólo como el bienestar global de una sociedad, ignoran la naturaleza humana y tan sólo tienen que ver el censo de suicidios en los mismos países que encabezan sus listas para ver que algo le hace falta a sus medidas.

Aún en medio de este debate, hay conclusiones y acuerdos entre los líderes e investigadores. Contrario a lo que indican los proverbios populares, sí se necesita dinero para ser feliz y no es poco el necesario para lograrlo. Al mismo tiempo, mientras es una necesidad para alcanzar la felicidad, de ninguna manera la garantiza.

¿Cómo lo ven? ¿Somos felices en México?

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