La Muerte de una Jirafa

En medio del furor por los Juegos Olímpicos de Sochi la cobertura internacional de noticias se interrumpió para reportar una noticia inaudita: el sacrificio de una jirafa en un zoológico danés. Antes de brincarnos a una condena de lo malo que resulta tener animales en cautiverio, cazarlos, lo tiernas que son las jirafas o qué sentiríamos nosotros si unos extraterrestres nos tuvieran cautivos por interés científico y/o entretenimiento; consideremos la gravedad de la noticia: en un mundo en el que los homicidios, los secuestros y la guerra ocupan la mayoría de los espacios noticiosos, es difícil encontrar el tono e importancia para un tema de esta índole.

Mientras me indigna enterarme que el zoológico ignoró una petición firmada por 300,000 personas para salvar a “Marius” y que además de otros dos zoológicos hablaron para ofrecerse a recibirlo (era macho), reconozco que también a alguien le puede parecer frívolo cubrir los titulares con el sacrificio de una jirafa cuando hay miles de homicidios que pasan desapercibidos.

Creo que esto es lo que ha amordazado a la mayoría de las opiniones para asumir una postura más fuerte en contra de lo acontecido en el Zoológico de Copenhagen. Nunca me imaginé que un zoológico sacrificaría a un animal silvestre con un bastón electrificado frente a un público principalmente de niños para luego proceder a destazarlo ahí mismo y darle los 500 kilogramos de carne a los leones sin que los padres indignados emergieran de las alcantarillas para evitarlo.

Supongo que hay quienes argumentan que es parte del ciclo de la vida y que esconderles esa verdad a los niños no los beneficia y hasta podrían convencerme si no fuera por las declaraciones del Director del Zoológico Bengt Holst. Primero justificaba el exterminio por control de población, la misma justificación que se usa para la caza y también podría parecerme válido de no ser que en cautiverio el control de población es tan sencillo como no aparear a los animales; además que control de población con una jirafa de dos años es como querer aplicar el contraceptivo después de que nazca el bebé.

Cuando llegaron las miles de firmas de apoyo a Marius, el zoológico declaró que simplemente no era rentable tener otra jirafa. Luego, cuando otros zoológicos ofrecieron adoptarlo, Holst dijo que en realidad se trataba de no dejar que se siguiera reproduciendo un pobre material genético. No quiero agravar el tema más de la cuenta, pero así empezó el Holocausto.

Seguramente pueden encontrar las fotos que circulan sobre las mutaciones que la reproducción selectiva han causado en los perros y dado lugar a enfermedades genéticas dolorosas, sobretodo en bulldogs y retrievers. Holst quiere jirafas perfectas en nombre de la ciencia. Quizás es la especie humana la que necesita más criterio y no la genética si valoramos que la estética amerita crueldad.

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