Las Explosiones de Boston

Originalmente publicado en el diario Milenio el 24 de abril de 2013

Me encontraba en el aeropuerto de Houston cuando sucedieron las explosiones, en el de Filadelfia cuando mataron al primer sospechoso y en el de Seattle cuando se rindió el segundo. Como es común en los aeropuertos de Estados Unidos, los televisores sintonizaban CNN, cada una de las noticias traían una erupción de información nueva sobre el aún misterioso bombardeo del maratón de Boston. Sin embargo, los viajeros continuamos nuestras rutas, moderadamente interesados, pero resignados a continuar a nuestros destinos.

Estaba seguro que algún día llegaría a ser testigo de un mundo en el que se habrían perdido todas las sensibilidades. Prácticamente me dio mucho gusto que no se cancelaran los vuelos, que la seguridad no fuera más estricta que en cualquier otro día y sobre todo, que haya sido un evento aislado. En el fondo, algo está mal cuando nos vamos acostumbrando a vivir con tanta violencia esporádica al grado que hemos disminuido la capacidad de reacción. Es peligroso que tengamos un menor instinto de supervivencia que nos alerte y obligue a reaccionar.

Podemos culpar a los videojuegos, las películas, los terroristas o la religión, pero a final de cuentas somos nosotros los ineptos que hemos perdido una habilidad que debería ser inalienable a detectar y reaccionar al peligro. No me debí subir a ninguno de esos aviones, en general este tipo de ataques ha ido acompañado de otros. No es paranoia, planes para actos terroristas en maratones en Canadá y Londres fueron descubiertos en los últimos días.

Como sociedad hemos llegado a un nivel de plusvalía para el cual no estamos diseñados. Tenemos la capacidad de engordar para subsistir, no para engullirnos más tacos por ejemplo. De la misma manera, los avances tecnológicos nos han vuelto insuficientes individualmente ¿Qué pasaría si un día no los tuviéramos?

Esta nueva sociedad superior ahora está llegando a otro nivel en el que reina la tolerancia absoluta y se repudian los prejuicios. El problema con eso es que los prejuicios tienen una función en la naturaleza para cuidarnos al identificar rasgos peligrosos, es lo que te dice que te cambies del lado de la calle cuando se acerca alguien que te da miedo y es lo que te alertaría si tuvieras un vecino que resultara terrorista. Desafortunadamente, es hasta ilegal sospechar del vecino.

Inclusive los suegros del principal sospechoso en las explosiones, habiendo sido investigado por la FBI, claman nunca imaginaron eso de él: musulmán extremista que golpeaba a su hija y pasaba meses en el extranjero.

Boston fue bombardeado por dos jóvenes terroristas de origen árabe que estaban viviendo en la ciudad

Los estadounidenses viven una nueva realidad en la que los ataques violentos en su propio territorio son una amenaza constante

 

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