Las Reglas del Éxodo

Publicado originalmente en el diario Milenio el 3 de julio de 2013

Una vez que la reforma migratoria en Estados Unidos pasó la instancia del Senado, el escollo siguiente, y más complejo, está en la Cámara de Representantes donde se buscará un balance entre la seguridad de su frontera con México y la legalización del estatus de 11 millones de personas que entraron de manera ilegal a su país. No es que estas dos iniciativas estén particularmente ligadas, sino que representan los intereses de los dos bandos en el legislativo. Examinemos los argumentos en favor y en contra.

 

Los liberales buscan la legalización de indocumentados porque generarían casi 200 billones de dólares en impuestos incrementales en la próxima década. El contrargumento es el precedente que genera “premiar” a quienes ingresaron al país rompiendo sus leyes. Los conservadores a su vez, le dan prioridad al aumento de la seguridad en la frontera que, con un presupuesto de 18 billones de dólares al año, cuesta más que todas las agencias de seguridad federales combinadas sin producir resultados confiables.

 

Este es un caso en el que, si se concilian los intereses de las dos corrientes, se puede propiciar el ajuste adecuado para fijar una política migratoria eficiente para los Estados Unidos. Porque al tiempo que resulta conveniente y popular legalizar la residencia de 11 millones de personas, se tiene que hacer con la cautela para no motivar la llegada de más indocumentados.

Estadounidenses se están dando a apoyar, como lo han hecho con otras causas sociales que han pasado legilslación, a la legalización de los 11 millones de inmigrantes indocumentados en su país

Mientras que el crecimiento económico en México, en combinación con el alza en la media de edad y educación, ha disminuido la cantidad de mexicanos que emigran a Estados Unidos de manera ilegal, hay un aumento de inmigrantes centroamericanos. Cabe decir que las diferencias socioeconómicas entre los mexicanos y centroamericanas causan preocupación a los legisladores estadounidenses. Además es aún más alarmante para la seguridad de la frontera que los centroamericanos han frecuentado más a las redes criminales para llegar a los Estados Unidos, desplazando al familiar coyote.

 

Enterrada en este debate está la medida de seguridad y reforma migratoria que ha resultado más efectiva; con México a la alza, menos mexicanos están arriesgando sus vidas para cruzar el Río Bravo. El mayor riesgo para la frontera estadounidense está en la economía mexicana, no en el presupuesto de defensa o la rectitud legislativa. Si México tropieza en su crecimiento, la gente volverá a arriesgar sus vidas en búsqueda del sueño americano; si prospera, la frontera de preocupación será Chiapas-Tabasco-Campeche-Quintana Roo.

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