Los Clippers de Los Ángeles

Hace dos semanas escribí sobre la persistente existencia del racismo hoy en día (tinyurl.com/owac28a). El siguiente fin de semana se desató el fiasco en el que el dueño de los Clippers de la NBA se encuentra en riesgo de perder el equipo por haber expresado comentarios racistas. Al igual que en el caso de Lavolpe, en medio de mucho chisme, morbo e interés personal, hay consecuencias importantes que más allá de afectar a los individuos involucrados y sus equipos, dejarán precedentes legales y morales.

Donald Sterling, de 80 años de edad es el dueño con más antigüedad en la NBA. Sterling pasó prácticamente de la nada a billonario, empezó como abogado de divorcios hasta construir un imperio de bienes raíces. Quizás lo más curioso, es que él mismo fue víctima del tipo de racismo que describía hace dos semanas. A Sterling no se le permitía practicar el derecho en los foros más respetables por ser judío, incluso se cambió de nombre tres veces – ahora, además de haber explotado a inmigrantes ilegales asiáticos durante décadas como terrateniente, lleva otras más tratando a sus jugadores de basquetbol negros como ganado.

Parecería que Sterling tenía un permiso implícito de continuar relegando a otras razas, pero cuando hace dos semanas una de sus novias vendió las grabaciones regañándola por tomarse fotos con el exjugador, Magic Johnson y publicarlas en redes sociales, el mundo se le echó encima. Cabe decir que buscar justificaciones para su racismo y atacar al Magic por ser portador de VIH no han ayudado a su causa.

Aun así, su defensa parecería irrefutable: no ha hecho nada ilegal, lo cual es cierto. Expresar opiniones en privado no es ilegal ante la corte, pero lo es en el juicio de la opinión pública. Por eso, la liga lo ha vetado de atender a cualquier partido, multado 2.5 millones de dólares y ahora lo está tratando de obligar a vender el equipo. Curiosamente, Magic Johnson ha emergido como el principal interesado en comprar la franquicia valuada en 1.2 billones.

Sterling ha declarado que se defenderá de la venta impuesta, está por verse si la cláusula de comportamiento moral será suficiente para que una corte lo obligue a vender el equipo. Lo más interesante son las implicaciones que tiene sobre los derechos de propiedad privada, al obligar a alguien a vender su bien por expresar su opinión cualquiera que esta sea y qué tanto juego le darán a la posibilidad circulada que este es un plan elaborado en el cual Sterling es la víctima y le pusieron un cuatro. Dos deportes, dos ciudades hermanas y dos acusaciones muy similares.

 

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