Opresión en Vigilancia

Publicado originalmente en el diario Milenio el 19 de junio de 2013

El descubrimiento del programa “Prisma” de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos ha validado décadas de sospecha sobre la vigilancia de los gobiernos norteamericanos a sus ciudadanos y los de otros países.

Si ha seguido la reacción a las declaraciones del soplón Snowden sabrá que hay alarma entre la mayoría de los estadounidenses por el descubrimiento del riesgo que tienen sus comunicaciones privadas porque frecuentemente son purgadas y hasta revisadas bajo la justificación de “investigación criminal preventiva”.

Nadie, extranjero o nativo, se dice sorprendido por las intervenciones del gobierno; pero pocos a la fecha cuidan sus comunicaciones para estar sobre reproche alguno.

Es fácil descartar o limitar este hallazgo solo como una confirmación de sospechas, cuando en realidad puede tratarse de una de las amenazas más fuertes contra la civilización moderna. La privacidad es (era) una libertad primordial de la humanidad y este tipo de vigilancia es un paso muy avanzado hacia su destrucción.

En una acción que puede ser motivada por voluntad, transparencia o miedo a las repercusiones, Microsoft ha revelado que la cámara de su Kinect puede ser activada remotamente. Fuentes extraoficiales reportan que esta tecnología ya es utilizada como parte de los programas de vigilancia. Mucho antes del escándalo actual, Apple reveló que sus teléfonos tienen capacidades similares.

Llámenlo con cualquier nombre, este es un estado en suspensión de derechos. Tanto la Constitución, como la Declaración de Independencia de los Estados Unidos están siendo violadas por los actos de espionaje en contra de su ciudadanía. Desafortunadamente, como bien sabemos en México, poco se puede hacer en contra de un gobierno que rompe sus propias leyes.

En el caso de los extranjeros, mexicanos incluidos, deben pensar la próxima vez que soliciten una visa, en las asociaciones indirectas que derivan de nuestras comunicaciones a través de las redes sociales y cadenas de correo o en el futuro que auspicia un mundo en el que existe la condena criminal por amenaza y se ha abolido la conversación privada.

Quitarle al hombre el poder de actuar mal, también es quitarle la decisión de optar por el bien. Establecer medidas preventivas que detienen la comunicación privada limita la posibilidad de crítica y con eso el progreso de la civilización. Un ciudadano vigilado es un ciudadano ordenado, pero también un esclavo; incapaz de insurrección, frenado de evolución.

 

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