Plan Puerto Vallarta

Originalmente publicado en el diario Milenio el 5 de junio de 2013

TAHA’A, Polinesia Francesa. Durante la primera semana que pasé aquí me encontré intimidado ante la certeza de encontrarme por primera vez en playas indiscutiblemente más bellas que las de las costas mexicanas. Los paisajes de la Polinesia Francesa me hacen pensar que Dios vio un espacio demasiado vacío en el océano Pacífico y decidió crear un paraíso en la Tierra, dándose el lujo de detallar cada montaña, palmera y arrecife como premio por si el hombre lograra llegar ahí.

Dejando a un lado la inevitable comparación me he estado preguntando cómo podría Puerto Vallarta hacerse un espacio en este rubro. Por un lado, mientras que Bahía de Banderas tiene una línea costera envidiable para muchos destinos turísticos, no sería suficiente para cotizarse por sí solo. Sin embargo, desde el punto de vista de un desarrollador, me parece más interesante.

Como hemos visto en los últimos años, muchos de estos paraísos tropicales están expuestos a catástrofes naturales, como maremotos, huracanes y tsunamis. Además, tienen desventajas logísticas tanto de transporte como de provisiones.

Por eso es tan frustrante ver a Puerto Vallarta sin un plan de desarrollo integral viable. Estoy seguro que el ayuntamiento actual tiene un plan, el gobierno del estado también y muchos empresarios añaden piezas; pero siempre hay un desacomodo y fallas en las transiciones cuando cambian los jugadores.

Simplificando la tarea hay tres grandes obstáculos: la competencia entre Jalisco y Nayarit por la expansión, la falta de disciplina para encaminar el desarrollo por la demanda necesaria y la viabilidad del pueblo como atracción turística.

Facilitando la situación aún más: no es factible expandir la línea costera turística más al Sur de Mismaloya, la geografía es demasiado accidentada. Jalisco se debería concentrar en la infraestructura y el volumen de turismo, dejándole a Nayarit la expansión costera y clientela de lujo con Punta Mita. Esto limitaría el corredor de desarrollo a esa área que todavía es viable como un solo destino.

Se necesita un plan maestro que determine los hoteles y desarrollos que se permitirán, pero también de qué nivel y en qué tiempos. Es evidente el miedo a convertir la Bahía en el próximo Acapulco, pero la solución no es frenar el crecimiento, sino en encauzarlo.

La renovación del malecón es una labor admirable, pero el pueblo está lejos de ser un imán que atraiga volúmenes turísticos. No hay duda de que si se planea y concreta el desarrollo y la inversión en lugar de expandir la línea costera se producirán exponencialmente mejores resultados para la zona.

Puerto Vallarta tiene la belleza natural y el acceso a la infraestructura para ser un destino de calibre mundial, pero la planeación y el desarrollo lo limitan.

El desarrollo de Puerto Vallarta en parte está detenido por conflicto interestatal entre Jalisco y Nayarit. La única salida es un desarrollo conjunto que beneficie a ambos.

 

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