Por qué los Economistas Odian el Futbol

Cuando la liga de futbol estadounidense, la MLS, empezó a ganar tracción a finales de la década pasada, los comentaristas prestigiosos de los cuatro deportes grandes en Estados Unidos (beisbol, futbol americano, basquetbol y hockey) se dieron a criticar el soccer como deporte, principalmente por lo quejumbrosos que son los jugadores y fanáticos y la dramatización a la que a veces se recurre para buscar que se marque falta. La preocupación principal, típicamente estadounidense, era que estas malas costumbres se contagiarían en otros deportes.

Desafortunadamente la evidencia pronto estaba de su lado cuando Manu Ginobli de los Spurs de San Antonio trajo lo que se conocería como “flopping” a la NBA, sobreactuando los contactos físicos para que marcaran faul. Ginobli obtuvo más tiros libres que cualquier otro jugador, el resto de su equipo empezó la práctica y en resumen ahora existe la regla anti-flopping en la NBA para corregir este comportamiento. Los jugadores dejaron de quejarse, pero a los fanáticos se les ha quedado la práctica, un poco solventada por comisiones de arbitraje y prácticas de repetición en la televisión. No obstante, en el futbol soccer es en el único deporte en el que jamás podrá haber repetición…

Los economistas viven en un mundo controlado en el que todo puede ser medido y cualquier factor externo puede ser contabilizado, por eso el primer deporte que amaron fue el beisbol. En el beís, las aportaciones y condiciones de cualquier jugador pueden ser atribuidas y pronosticadas a la perfección. Es el deporte más matemático que hay, además del más pronosticable. De ahí siguió el futbol americano, primero por su enorme popularidad, pero también por su estrategia pausada jugada a jugada, es sujeto a todas sus medidas. Formas de medición avanzada tanto por tecnología como por técnica de estadística han permitido que el básquetbol y el hockey se sumen a esta lista y hoy en día sabemos qué tan eficiente es cada jugador en cada punto de la cancha a cada minuto de cada partido, Lebron James del Heat, por ejemplo, podrá ser el mejor jugador en el planeta, pero con dos minutos restando en el partido, cualquier experto preferiría a Stephen Curry, de Golden State, en su quinteta.

El futbol jamás podrá ser medido así, los intangibles son demasiados y al final de cuentas el partido se decide en menos de cinco jugadas en las que hay gol. Un equipo puede ser superior al otro en 89 minutos de un partido, pero si en el minuto que el inferior lo superó hubo anotación, no importa. Además es casi el único deporte en el que puede haber empates y los académicos sabemos que la igualdad absoluta no existe. Por eso nunca me ha gustado el futbol.

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