¿Regresamos a Don Porfirio?

¿A cien años de su muerte los restos de Porfirio Díaz deben regresar a México? Para algunos parecerá provocador, otros hasta se escandalizarán, pero no pocos considerarán que parte de la madurez de un país pasa por escribir o reescribir la historia con mesura y con el mayor esfuerzo para alcanzar el rigor informativo.

Desde hace años ha habido intentonas que no se consuman por la aplastante reacción de quienes siguen viendo exclusivamente las consecuencias negativas del Porfiriato y se cierran a los logros de México en los casi 30 años que transcurrieron en dicha etapa.

Hace unos días la empleada de la notaría de la iglesia a Saint Honorè L ‘Eylau no salía de la sorpresa ¿cómo que un expresidente de México estuvo sepultado en las criptas? Lo supo cuando un espontáneo solicitó se oficie una misa el próximo 2 de julio a las 18:30 horas que, según le dijo es como una especie de inicio de las actividades para conmemorar el centenario de la muerte de Porfirio Díaz, una iniciativa que se va incubando entre familiares y seguidores.

Porfirio Díaz murió el 2 de julio de 1915 a las 18:32 horas en París, sus restos se encuentran en un mausoleo de Montparnasse, previamente estuvieron seis años en el sótano de la iglesia a Saint Honorè L ‘Eylau, donde se ofició la misa de cuerpo presente.

Como se sabe, Don Porfirio murió en el exilio, había salido del país el 31 de mayo de 1911, tras presentar su renuncia a la presidencia. En el trayecto fue escoltado de la ciudad de México al puerto de Veracruz por el General Victoriano Huerta, quien no lo dejó hasta verlo abordar el buque alemán Ypiranga en el que viajó la familia Díaz hacia Europa. Se dice que el expresiente recibió invitaciones para que se instalara en España y Alemania, finalmente decidió pasar sus últimos días en Francia.

Hay cosas que en el México moderno no se entenderían sin Porfirio Díaz, de entrada la única etapa de paz desde finales del siglo XVIII, la bonanza económica, se pagó la deuda externa, se desarrolló la infraestructura, se construyeron ferrocarriles, llegó la inversión extranjera, se alcanzó el primer lugar mundial en producción de plata, se impulsaron como nunca las bellas artes, la ciencia, la educación pública y se creó la Universidad Nacional de México.

Sí, se instauró una dictadura que se prolongó 30 años que derivó en el inicio de la Revolución de 1910 con todas las consecuencias que se enseñan en las escuelas.

Los hacedores de la historia son implacables, por ejemplo, Benito Juárez es tratado con todos los privilegios y consideraciones, sus promotores han logrado que predominen sus innegables aportaciones, pero poco se repara que no estuvo lejos de perpetuarse en el poder, la muerte lo alcanzó cuando ya tenía casi 15 años en la presidencia, de hecho Díaz combatió para terminar la dictadura del “Benemérito”.

En un país tan urgido de referentes se quiere figuras inmaculadas, o construidas sin manchas, aún cuando no resistan la prueba de las confrontaciones.

De quien hablamos ¿Bolívar? ¿Napoleón? ¿Lincoln? De quién sea, hay que reconocer que fueron hombres de carne y hueso, de claroscuros, personajes de su tiempo a quienes se les contabiliza sólo lo bueno. Díaz no ha pasado por esos matices y vaya que material para reconocerle hay de sobra, entre otras cosas poco se dice del papel que tuvo en la batalla de Puebla, hay quienes dicen que fue más decisiva su participación que la del mismísimo Ignacio Zaragoza.

Porfirio Díaz despierta controversias y en la actualidad no son pocos los que reconocen sus aportaciones, un ejemplo es que en Facebook la página que concentra información de su trayectoria tiene más seguidores que la de Juárez.

Un paso se dio ahora que se reconoce la obra de Octavio Paz en el centenario de su nacimiento, pero ha costado doblegar a no pocos de los malquerientes del poeta y Premio Nobel, quien los últimos años de su vida y los posteriores a su muerte fue blanco de las insidias de sus detractores.

Hay en México pánico a mostrarse conservador, a defender públicamente posiciones marcadas como de derechas por el temor a enfrentar el juicio público, nos hemos acostumbrado a que ser progre está bien, a buscar el centro, dirían los que temen definirse; esa es una de las causas por las que Porfirio Díaz es un personaje bien visto con disimulo, en cortito se vale decir y destacar sus buenas obras, en público no se ve bien…

Y mire que no se trata de emprender una cruzada para reinstalarlo en la historia y promover la instalación de monumentos en su honor o llevar su nombre a los edificios públicos, no, apenas se trata de regresar a México los restos de un personaje que pidió que sus restos descansaran en su natal Oaxaca.

Al cumplirse los cien años de su muerte ¿no sería un avance histórico, una muestra de madurez cívica trasladar sus restos a México y cumplir su voluntad de que sus cenizas descansen en su natal Oaxaca? Los que deciden tienen un año para pensarlo.

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