Unos Días de Gracia

Por unos cuantos días, las autoridades federales aumentaron de 300 a 500 pesos la franquicia de mercancías que los viajeros pueden importar al país sin pagar impuestos.

En lo personal, tengo absoluta animadversión por la medida. Me explico: la mayoría de los migrantes son mexicanos que se fueron del país por la falta de oportunidades en sus comunidades de origen, se van porque buscan mejorar su situación y la de sus familias; luego, cuando empiezan a producir dólares, se convierten en un renglón muy importante de la economía. ¿Cuántas veces al año escuchamos cómo se comporta el envío de las remesas y su impacto en la economía, sobre todo en la de pequeñas comunidades y por supuesto en la de familias que dependen de lo que “les llega del norte”?

Hace algunos años, cuando Amalia García promovió durante la Conferencia Nacional de Gobernadores subir la franquicia a 1,000 dólares, no contó con el apoyo de sus congéneres.

Los economistas pueden explicar el impacto real de la introducción de mercancías por parte de viajeros, el común de los mortales no entendemos ese “celo” aduanero en terminales de autobuses, cruces fronterizos y aeropuertos, cuando existen tianguis fayuqueros bien surtidos de productos provenientes de Asia que entraron a México de contrabando.

Tampoco es fácil entender por qué uno se encuentra productos fabricados en México, pero que no se venden o su precio es mayor. La respuesta seguramente está en los aranceles que se imponen.

En México, se producen desde coches hasta productos textiles de la más alta calidad, que se compran a un precio en el exterior y más caros en nuestro territorio.

Insisto en este punto, esto es causa de las distorsiones de la economía mexicana, de una serie de vicios que no se han resuelto a lo largo de la historia.

Por el momento, me ocupo de los paisanos. Yo sí los he visto comprar ofertas durante todo el año en grandes almacenes como Walmart o Kmart, casi siempre ropa, juguetes o electrodomésticos que van guardando para cuando visiten a sus familias, y en no pocas ocasiones se los ve en las tiendas de fundaciones como Salvation Army, donde compran ropa usada.

En diciembre, es común verlos llegar con enormes maletas o cajas con la televisión, el equipo de sonido o el micro.

Reitero: como yo sí los he visto “tallarse el lomo” para ganarse cada dólar, ahorrar como pueden, trabajar en los oficios que pocos quieren, sobreponerse a sus limitaciones y a su ignorancia para desarrollarse en un país con una lengua que ni hablan ni comprenden, me parece una majadería que todavía tengan que tragar nervios para llevarle a sus familias un poco de bienestar.

Me gusta ese celo y custodia aduanera para frenar el contrabando, pero ¿acaso afecta más a la economía lo que una persona puede traer en la maleta que lo que se transporta en barcos y aviones y se vende al público en Tepito, San Juan de Dios o los llamados mercado de pulgas?

Y no se crea que es una posición populista, no que va, por el contrario, soy de los que creen que el mercado se debe abrir para que compitan los que puedan no me gusta la sobreprotección y menos a través de subsidios generalizados y sin estrategia. Porque yo no entiendo cómo los comerciantes de ciudades como Tijuana o Ciudad Juárez no pueden competir con los supermercados de San Diego o de El Paso, porque no son pocas las familias que hacen el súper del otro lado porque le sale más barato.

Ya veremos cómo a partir de enero serán más los productos que se comprarán en las ciudades fronterizas de Estados Unidos, mundo de ellos la gasolina que de por sí ya se vende más barata.
Por supuesto, hay zonas y productos que deben atenderse de manera diferente, por ejemplo, en ciudades como Filadelfia no se cobra el IVA para que los locales puedan competir con ciudades tan cercanas como Nueva York, estados como California tienen impuestos más elevados u otros como Nevada que han hecho del juego una fuente de riqueza porque en desierto solo florecen los casinos…

Comencé hablando de la franquicia, pero lo que los viajeros muchas veces ignoran es que es una franquicia para la introducción de productos, casi siempre regalos, sin impuestos; pero para efectos personales es posible traer a México una larga lista de productos para uso personal como computadoras, relojes, ropa, artículos deportivos y de aseo personal, juegos de video y muchos más. Así que la próxima vez que quiera comprarse un traje de 5,000 dólares o un reloj Cartier de 25,000, si su bolsillo da para eso y más ni se preocupe, están entre los que puede importar, otra cosa será cuando vaya por las calles sin sobresaltos…

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