Vaya Comparaciones

Habrá los que estén molestos porque Lula considera que en México estamos peor en todo comparados con Brasil. También hay quienes se sienten decepcionados de que el expresidente hable así de nuestro país cuando el actual gobierno lo invitó como referente propagandístico para el lanzamiento de uno de sus programas estrella, la Cruzada contra el Hambre, habida cuenta los buenos resultados del proyecto Hambre Cero que el propio Lula promovió durante sus gobiernos.

Quienes hemos tenido que realizar una negociación con los brasileños sabemos lo complicados que son, siempre buscan la ventaja, son proteccionistas y regionalistas a más no poder, de ahí que comparaciones como las que hizo Lula en su entrevista con El País no sorprenden.

Lejos de los vínculos entre la afición al futbol de Brasil y México que se produjeron con la selección campeona del Mundial del 70, hay una rivalidad manifiesta en áreas que van desde lo económico hasta lo diplomático, no hay que olvidar que Brasil le ha disputado a México un lugar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, al que las dos naciones han pertenecido; pero más aún en los últimos años en que se les ha señalado como las dos economías emergentes con mejores perspectivas de futuro, primero Brasil y en los años recientes México.

Elogios aparte, los dos países aún arrastran altos índices de pobreza. En el caso de Brasil hay quienes la ubican en el 30 por ciento, en México los más pesimistas en 50 por ciento. En la realidad de las calles las favelas le recuerdan a los brasileños que aún hay mucho por hacer; como a los mexicanos nos lo recuerdan los miles de mexicanos hundidos en la pobreza en amplias zonas rurales y urbanas.

No cabe duda, Brasil ha logrado grandes avances, pero ya no nos acordamos que por muchos años ocupaba, junto con México el nada destacado liderato en materia de deuda externa, su economía pasó por verdaderas tempestades hasta que llegó un presidente visionario que dio un giro radical a la economía y sentó las bases para el cambio que se ha venido presentando, Fernando Henrique Cardoso, quien puso los cimientos al proyecto de nación que Lula supo interpretar y continuar.

No vamos a restarle mérito ahora, en un altísimo porcentaje los méritos son de Lula porque lejos de caer en dogmatismos encabezó y desarrolló un proyecto transformador de auténticas reformas, por ejemplo, a las pocas semanas de asumir la presidencia ya había logrado cambiar radicalmente las políticas de pensiones que amenazaban con descarrilar la economía.

En mi opinión el problema que tendrá Lula con sus compatriotas es que en lugar de mirar hacia arriba volteó hacia abajo. Yo no buscaría a los que están peor sino a quienes los brasileños quieren alcanzar, las potencias como Estados Unidos o China o bien los poderosos con los que negocia en Europa como Alemania o Inglaterra. Compararse con uno que está peor así se trate de una prometedora economía como han señalado a México algunos analistas.

El Presidente Peña Nieto ya le respondió, era innecesario, menos con una respuesta por Twitter tan vacía. Por otro lado habrá que agradecer la generosidad de Lula porque México no tiene 20 años de atraso en materia energética, tiene por lo menos el doble.

El sueño de Henry Ford era que cada estadounidense tuviese un auto. Lula se conforma con que Brasil está peor que México. Vaya usted a saber si con su declaración ayudará a la reelección de la presidenta Dilma Rousseff, lo más seguro es que no, simplemente porque la comparación resultó totalmente desafortunada.

Ahora que esperemos que el tiempo no le dé la razón a Lula: hoy la reforma educativa que fue tan elogiada ya enseña las cuerdas y las otras de las llamadas estratégicas se encaminan al reto de las leyes secundarias que nos hacen temer que se impondrán los intereses y acabarán en el parto de los montes.

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