Ya Nos La Pelamos

CHENGDU, China. Los mexicanos tenemos la tendencia a pensar en China como un país al que México le lleva la delantera en las “vías de desarrollo”. Aunque tengamos clara la dimensión macroeconómica de billón y medio de habitantes comparada con 120 millones, creemos que México, quizás por virtud de la colonización, es más competitivo que China en su propia dimensión. Estamos equivocados.

A pesar de tener cuatro milenios de historia, un paseo por las urbes chinas refleja ciudades construidas en los últimos 10 años. Igual la infraestructura de transportación, comunicación y logística, es un país nuevo; más importante, es un país hambriento. El índice de horas laborales por semana reporta que el mexicano promedio trabaja 48 horas a la semana, mientras el chino 75. Al comparar estas economías no es válido el argumento que muchos mexicanos trabajan en el comercio informal horas que no son contabilizadas por el Seguro Social, porque los chinos también tienen una economía informal de grandes proporciones.

No es mi intención reportar la vasta superioridad china, que no solo supera a México, sino quizás a todos los demás países en el mundo en este momento, quiero explicarles cómo lo lograron.

China, al igual que México, tiene sus raíces políticas modernas plantadas en una revolución socialista-comunista. Mao Tse Tung y el Partido Comunista son el equivalente perfecto a los revolucionarios y el PRI, sólo que Mao en realidad tronó la economía china antes de morirse a través de sus planes económicos “El Gran Salto Adelante” y “La Gran Revolución Cultural Proletaria”. Con el primero destruyó la agricultura en China, lo que llevó a la Gran Hambruna y con el segundo destruyó la cultura china y le lavó el cerebro a la población entera a través de genocidio, miedo y populismo.

Tras la muerte de Mao, el Partido Comunista descubrió dos cosas: la figura del líder seguía siendo muy poderosa y el comunismo no funcionó. A pesar de lo que diga la propaganda, China no ha sido un país comunista desde hace 35 años, pero ha logrado tomar algunos elementos de extrema izquierda para motivar a los ciudadanos a someterse a un esquema de extrema derecha. Esto se llama fascismo.

Mao Tse Tung mató a más gente que Hitler con ideales bastante similares, uno es un santo el otro peor que el mismo diablo, así se escribe la historia… Lo que queda claro es que este es el costo de un crecimiento económico acelerado, tocar fondo, renunciar a las libertades personales y reconstruir desde cero. Para los chinos trabajar 75 horas a la semana por un ingreso promedio de $7,000 pesos al mes es una bendición y a menos que estemos dispuestos a hacer más por menos, ya nos la pelamos.

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